La Basilica Menor de Santa María
de Arcos de la Frontera

La BasilicaMenor de Santa María es un templo orientado de Este a Oeste, que aparece aislado de toda construcción. Es la Parroquia Mayor, más Antigua, Insigne y Principal, según rezan sus grandes títulos concedidos por el Sacro Tribunal de la Rota romana.

Descripción: Las escalinatas de piedra que conducen al rellano donde se asienta la Basilica datan de 1732. La fachada principal muestra una gran portada en la que convergen el gótico final y el naciente plateresco. Está enmarcada entre dos contrafuertes, en forma de pináculo gótico adornado con doseletes. La puerta es adintelada, enmarcada por tres arquivoltas. Sobre ellas se encuentran escudos catedralicios sostenidos por leones rampantes.

Una cornisa separa esta zona de la superior, sobre la que aparecen dos arcos de medio punto adornados con cenefas, y sobre ellos otros dos arcos, a los que asoman ventanas circulares. En el ábside, donde anteriormente estuvieron asentadas las torres más antiguas, que datan de los siglos XV y XVI, puede apreciarse una estrecha faja de lacería mudéjar y arquillos dobles entrelazados. Ya en la plaza, de cara al frente sur de la iglesia, podemos ver tres partes bien diferenciadas, de derecha a izquierdas: renacentista, dieciochesca y gótica inicial.
La torre nueva, inacabada, ocupa el centro de la fachada lateral. Fue trazada en la mitad del siglo XVIII por el arquitecto V. Bengoechea. Es de planta cuadrada y presenta tres cuerpos, portada, balcón y campanario.
El arco de la entrada está flanqueado por pilatras adosadas. En el segundo cuerpo, a los lados del balcón, dos ménsulas sostienen las estatuas de San Pedro y San Pablo: a los lados de la puerta del balcón, otras dos pilastras soportan un frontón partido que enlaza con el último cuerpo a través de una escultura de la Inmaculada.
El campanario muestra tres arcos de medio punto flanqueados por pilastras jónicas, barandillas y decoración de azulecos en los huecos. Las campanas estan fechadas desde el siglo XV al XVIII y Madoz las califica "de las mejores de Andalucía".
Torre nueva de la Iglesia

La fachada gótica pertenece a los s. XIII y XIV, destacando en ella el contrafuerte con agujas, pináculos y cresterías truncadas. Al bajar la escalinata, de vuelta a la fachada principal, podemos observar un ara votiva romana dedicada al genio del municipio encontrada en los cimientos de Santa María con motivo del rebaje del callejón de las Monjas.

Este templo ha estado en obras a lo largo de seis siglos, hasta quedar configurado definitivamente como iglesia gótica, aspecto que más predomina en su interior (con añadidos de diversos estilos).

La puerta de acceso al interior de la iglesia es de caoba con clavos de bronce, y data de 1658. La planta de la iglesia es de salón con tres naves de igual altura y cabecera ochavada. Las naves quedan separadas por medio de pilares circulares compuestos de finos baquetones agrupados en haz, sustentando complejas bóvedas de crucería estrellada.

Una cornisa bordea los muros de la iglesia. La nave mayor aparece coronada por un amplio presbiterio y ábside oculto tras el retablo mayor. La bóveda del ábside es abocinada, con decoración de casetones de estilo renacentista. Lo demás señala la pervivencia del último gótico.

Panorámica del Coro

Trascoro y coro: El trascoro es apreciable nada más entrar. Arriba, se encuentran gráciles yeserías rematadas por la imagen de San Miguel, patrono de Arcos. En él se da la conjunción del barroco y el ojival resuelto de manera maestra. Enmarcada en un retablo, un cuadro de la Inmaculada, obra de Felipe Muñoz (en 1730) y un curioso altar con incrustaciones de piedras rosa y las puertas de cedro, caoba, naranjo y granadillo.

El coro está considerado como uno de los mejores de Andalucía. Existía un primitivo coro obra de Miguel de Adán y Juan de Oviedo, en 1585, pero dado su deterioro, se decidió reemplazarlo por uno nuevo.

La sillería comenzó a construírse en 1734 por el escultor Agustín de Medina y el carpintero Pedro de Ahumada.
En 1744 figura como maestro Diego Roldán, aunque la coronación de la sillería se debe a Carriazo, maestro ensamblador de Cádiz.

La sillería tiene ordenes de asientos en caoba y cedro con intcrustaciones en naranjo y granadillo. Los separan columnas salomónicas de negro ébano que rematan en motivos esféricos ajarronados. Lleva doble juego de trazos y encima del respaldo de los más bajos, unos orificios revestidos de metal permitirían poner un atril pequeño o una vela. Todo el conjunto es profuso en ornamentación barroca, volutas y frondas entrelazadas; por encima de la sillería, una cenefa de guirnaldas en yeso labrado, decora los muros laterales.

El facistol es una obra de 1731 de Agustín Flores, escultor sevillano. El pedestal en hierro para la baranda del coro y los capaniles fueron confeccionados por Juan de Varales en 1793.

Los retablos

El Retablo de las Ánimas fue adoptado como tal por Andrés Benítez, siglo y medio más tarde de su fundación. Está empotrado en el muro de la fachada, es de madera dorada y pintada. La hornacina o camarín contiene en su interior la imagen del Señor atado a la Columna, en el centro y a sus lados, ligeramente postrados, San Jerónimo y San Pedro en mediorrelieves. Encima del tímpano, un penacho con la Cruz de los Caballeros del Santo Sepulcro coronado con el escudo pontificio.

Hornacina del Retablo de las Ánimas

El Retablo de Santa Teresa preside la nave de la Epístola. La imagen de Santa Teresa se corona con un bonete, como correspondía a la patrona del clero de Santa María, título otorgado por el Cabildo Eclesiástico en el siglo XVIII. Esta imagen fue donada por D. Joaquín Ponce de León y Lancaster, duque de Arcos. Es una talla napolitana dorada, estofada y policromada. El retablo barroco consta de dos cuerpos, cada uno con su hornacina, en la inferior Santa Teresa, y en la superior un mediorrelieve de Santa Catalina de Siena, a quien estuvo dedicado el retablo en otro tiempo.

El Retablo de San José, situado en la nave del Evangelio, es de mediados del siglo XVIII, de estilo barroco, parecido al de Santa Teresa. También ostenta dos cuerpos, el inferior con la imagen de San José, y el superior con la de San Andrés. La imagen de San José es de buena talla, pertenece a la escuela sevillana del siglo XVII o quizás del XVIII, con escaso colorido y dominio del dorado.

Sobre la nave del evangelio y empotrado en parte en el muro, el Retablo de San Félix es un auténtico relicario en el que se guarda el cuerpo de San Félix traído de Roma entre otras varias reliquias de santos enmascaradas por la propia ornamentación del retablo, obra de Andrés Benítez, en 1764. Frente al coro, en la nave del Evangelio, está ubicado el retablo del Simpecado, de estilo barroco y perteneciente al siglo XVIII.

El Retablo Mayor ocupa la cabecera del templo, frente a la puerta principal. Es una auténtica joya artística que reúne labores de arquitectura, escultura y relieve. Durante más de veinte años trabajaron en él Jerónimo Hernández, Juan Bautista Vázquez el Joven, Miguel Adán y Andrés de Ocampo, entre otros escultores. Dorado, estofado y pintura se deben principalmente a Juan de Salcedo y Antonio Pérez. Está formado por tres cuerpos y un ático, tiene siete calles de las que cuatro son de nicho e imaginería y las tres de mayor anchira, de relieve. La calle central presenta tabernáculo y templete en el primer cuerpo. Los apóstoles contemplan el sepulcro de la Virgen vacío en el segundo cuerpo, mientras asciende al cielo en el superior. En el último cuerpo aparece el Padre Eterno. En las hornacinas existen imágenes de apóstoles y en los relieves están representadas escenas de la vida de la Virgen. Por todo el conjunto se reparten columnas dórdicas, jónicas y corintias. Pertenece en estilo y época al Renacimiento (1585-1608).

Retablo Mayor

 

Las Capillas

De la Capilla del Bautismo destacan su bóveda elíptica renacentista y la hermosa portada del mismo estilo que abre el trascoro, con asomos del barroco. La bóveda ciega una escalera de caracol que asciende a la cubierta de la iglesia. El conjunto de la capilla se cierra por una reja de hierro (1739) que en su remate lleva el estudio de sus fundadores, los Andinos. Sobre el retablo de Andrés de Ocampo, el cuadro de la Virgen de Belén, atribuído a Alonso Cano.

Capilla de las Nieves
La Capilla de las Nieves, también llamada capilla de la antigua, fue fundada como sagrario y enterramiento por el vicario Gamaza en 1512. En 1750 fue panteón de scerdotes bajo el patrocinio de la Hermandad de San Pedro Ad Vincula. Su retablo barroco es obra de Mathias José Navarro, en 1741. En el centro, el camarín de la Patrona de la ciudad, la virgen de las Nieves, imagen de candelero cuya faz se enmarca con un rastrillo de encaje blanco con pedrería y cristales. El traje y el manto blanco llevan magníficos bordados en oro. Una aureola de plata sobredorada bordea el cuerpo; se cubre con una magnífica corona del mismo material y lleva un cetro en la mano derecha. A los pies, la característica media luna con estrellas en sus puntas, y debajo la peana del mismo material y estilo. A la izquierda de la reja dieciochesca, podemos ver un cuadro de la purísima atribuído a Francisco Ricci, entre 1670 y 1676. La capilla es gótica a pesar de estar construída en pleno siglo XVI por deseo de su fundador. En los nudos de crucería de la bóveda, florines, lazos y escudos de linaje.

La Capilla del Rosario comunica por un arco con la capilla de las Nieves desde 1644. Los laterales están adornados con pinturas atribuídas a Juan de Lohaiza de mediados del siglo XVIII.

En el centro, el retablo de la Virgen del Rosario, cuya imagen es tallada en 1551 por Cristóbal Voision y estofada y dorada por el flamenco Jacome Esturme. El altar actual es posterior, obra de Andrés Benítez. La Capilla de San Antonio está ubicada en la antesala de la sacristía. Fue fundada en 1480 por Fernando Márquez, alcaide del Castillo y devoto de San Antonio. Las bóvedas de esta capilla manifiestan un mudejarismo original según Hipólito Sancho. El retablo actual, repintado, es obra de Andrés Benítez y la imagen de San Luis procede del extinguido colegio de la Compañía de Jesús.

La Capilla del Perdón ocupa un espacio existente entre la Capilla de San Antonio y la salida del templo a la plaza. Data de fines del siglo XVI, siendo el Santísimo Cristo del Perdón el titular de una cofradía de clérigos que se fundó posiblemente en el siglo XVI. El retablo actual es de 1712 y las imágenes de la Virgen y el Santísimo se renovaron hacia 1710 para procesionar el descendimiento de la Cruz.

La pintura mural

Pasando la nave del evangelio, después del retablo de San José, existe una pintura mural de extraordinaria importancia. En su origen, ocupó el primitivo altar mayor hasta que el retablo del siglo XVI la dejó oculta. Una labor de restauración hizo posible su traslado al lugar que hoy ocupa. Representa la Coronación de la Virgen. En la escena figura un trono adoselado bizantino en el que están sentados Cristo y su Madre a la misma altura, rodeados de ángeles músicos, santos, mártires y profetas con sus nombres, emblemas y atributos contemplando la coronación. Es destacable el marcado carácter románico de la ornamentación. Los vestidos plegados son propios de modelos italianos con influencia guiotesca, y muchas de las características femeninas son atribuidas al quatrocento italiano. Es en definitiva una excelente pintura gótica de la segunda mitad del siglo XIV debida quizás a una artista local con influencia italianas.
Coronación de la Virgen
Organo

El órgano: El órgano se halla sobre los muros del coro, al lado del Evangelio. Fue realizado en 1789 por Francisco Rodríguez, siendo una pieza importantísima, no sólo por la exhuberancia de su tubería exterior, sino por la concepción musical que nos ofrece. La tubería exterior, hecha con materiales nobles, se asienta sobre un verdadero retablo. Su perfección sonora y su ornamentación lo distinguen de otros de su época.

Tuvo además Santa María una capilla musical que data de principios del siglo XVII de la cual se conocen relaciones de organistas y maestros de música en sus libros de visita y su apogeo podemos centrarlo en el siglo XVIII.

 

La sacristía

Se accede a ella por medio de una portada renacentista cuyas puertas de caoba están decoradas con un bajorrelieve del siglo XVII que representa la Anunciación. El interior está labrado de sillería y pertenece al último cuarto del siglo XVI (de estilo renacentista).

Dignos de observarse, el aguamanil de mármoles y piedras de colores, la mesa octogonal de jaspe rojo de 1700, el cristo de marfil del siglo XVII sobre cruz de ébano y el cuadro de horarios de la capilla.

En la Sacristía alta, a la que se llega por una escalerita de caracol, se encuentra el Museo Histórico-Artístico. Contiene valiosas piezas de valor histórico, artístico y material. Destacan las custodias, cálices y capones, relicarios, bandejas, joyas, pinturas, documentos, un rico vestuario de bordados, sedas y brocados, etc. Entre ellos, casullas de imaginería, capas fluviales del siglo XVII y XVIII, una colección de orfebrería de la escuela sevillana del siglo XVIII, un copón tallado en cristal de roca, procedente de la Casa Ducal, etc.